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EDIMBURGO, capital de Escocia

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EDIMBURGO, capital de Escocia

          Son las casi las doce de la noche y en junio, aún es de día. Edimburgo tiene sus propias  “noches blancas”, como San Petersburgo, aunque aquí no recalan los cruceros para mirar un sol que apenas se oculta en verano.  Hemos dejado atrás Durham con el recuerdo de su hermosa catedral, siguiendo una   carretera que bordea la costa hasta divisar el Forth Bridge,  la seña de identidad de la capital de Escocia. Fue el primer puente de acero  alzado en el mundo sobre los 2 kilómetros  y medio que cruzan la ría. En el interior de  los  rombos metálicos de su estructura  avanzan los trenes de carbón, y debajo cruzan  gabarras que remolcan a enormes petroleros hacia las plataformas del mar del Norte.

          Las highlands son un conjunto de colinas verdes, con árboles retorcidos por el viento y costas donde el mar bate furioso contra acantilados cortados a pico. En algún valle se esconde el lago Ness con su monstruo jurásico, soñado por el delirio alcohólico de un campesino destilando whiskey. El color de los diferentes kilts distingue  un mundo de clanes primitivos  donde combatieron  Ivanhoe y Braveheart  y  que fueron el escenario escogido por Shakespeare para su tragedia más sangrienta: Macbeth , quien  veía  angustiado cómo el bosque de Birnam avanzaba  hacia su castillo, cumpliendo la profecía de las brujas.  

          En las tierras brumosas de Escocia  no florecieron los artistas, pero sí han sido cuna generosa de personajes famosos. Aquí  vivió Adam Smith, quien revolucionó el  pensamiento económico desde su cátedra y su puesto de director de la Aduana. Darwin se aburría estudiando medicina, hasta que decidió viajar a las islas Galápagos para hacernos dudar sobre nuestros orígenes. Stevenson, prefirió morir en Samoa tras habernos contado historias de piratas en “La isla del tesoro” o aterrarnos con “Dr. Jekyl y Mr Hyde”. La galaxia de hombres ilustres nacidos en Edimburgo incluye a Watt que inventó de la máquina de vapor, a Graham Bell que nos complicó la vida con el teléfono y al doctor Fleming que nos la salvó con la penicilina. Todos tienen sus placas de reconocimiento. Y quizás  algún día se coloquen las de Sean Connery, eterno “agente 007” u otra dedicada al mismísimo Tony Blair.

          La sombra del castillo,  asentado sobre una inmensa roca basáltica, domina toda la ciudad. Sus gruesas murallas, con retorcidas esquinas, adarves almenados y  angostas troneras, donde se ocultaban los ballesteros, han sido testigos de batallas y ejecuciones.  Desde una torre, se dispara un cañonazo a la una en punto del medio día, según dicen para orientar a los barcos, aunque lo que produce es un revuelo de gaviotas espantadas.

           --Oh my God, it works! (1)  –se asombra una pareja de americanos intentando fotografiar            al oficial que encendió la mecha.

          A su lado está el  Mons Meg, un monstruoso cañón de bronce, recubierto por recuerdos dejados por las palomas, apoyado  sobre ruedas. Apunta directamente a la ciudad y se nutría con balas de piedra de 150 kilos embadurnadas de alquitrán ardiente.Los americanos , y también nosotros, habríamos  aplaudido con entusiasmo tras una simple descarga.

         Descendemos desde la fortaleza por el irregular empedrado de Victoria Street siguiendo un antiguo curso de lava hacia la Ciudad Vieja. Aún hoy conservan algunas casas de pescadores rodeadas de pubs, donde se amontonan los turistas, para guarecerse de los frecuentes chaparrones del verano escocés  y, de paso, probar  salmón ahumado cortado en tacos o una sopa de ganso caliente.

          Sobre otra colina, frente al viejo castillo, se alza un edificio que recuerda al Partenón ateniense, fruto del encanto que el mundo griego ejerció en Edimburgo,  lleno de bancos  y museos con pretenciosas fachadas jónicas. Es el homenaje de los escoceses al triunfo conseguido sobre Napoleón en Waterloo. Tiene un aspecto triste y desolado, y quizás por ello, un alcalde loco pretendió construir allí un parque de atracciones y tiovivos. Afortunadamente, todo quedó en proyecto, y el monumento a Wellington de Calton Hill sigue  en pie, recordando las pasadas glorias,  visitado por gentes de edad que echan migas de pan a los gorriones.

          A los pies de la gran roca del castillo, la elegante Princess Street, separa la vieja villa medieval, de un mundo moderno con  oficinas, hoteles, restaurantes y comercios de lujo. La arquitectura es neoclásica y disfraza su frialdad con multitud de parques sembrados de setos floreados. Desde una esquina llega el sonido de música inca. Un grupo de peruanos, de negras trenzas y vestidos con ponchos de colores llamativos toca con flautas los repetidos acordes de sus Andes lejanos. Un poco más allá, junto a la entrada de unos grandes almacenes, se oirán los himnos religiosos  de una orquestilla del Ejército de Salvación:

            --I workship You, Almightly God

             There is none like You

              I workship You O Prince of Peace

             That is what I want to do. (2)

         En una terraza, contemplando la colosal fortaleza que vigila Edimburgo, tomamos una cerveza, mientras disfrutamos de un sol tibio. Nuestro acento llama pronto la atención de un matrimonio jubilado. Pasan seis meses al año en Tenerife, donde aprovechan para operarse las cataratas.  

             --¿Han visitado el Museo del Ejercito?

            --No todavía no…

            --¿Les ha gustado el Jardín Botánico?

            --Creo que mañana iremos…

            --No se olviden  de ir a la Universidad... tiene una gran historia.

           Junto a ellos, también hay bulliciosos turistas españoles cargados de bolsas y paquetes, con los que es fácil congeniar, aunque la conversación sea más materialista:

            --¿Habéis ido a Harvey Nichols?. Diseñan tartanes a tu gusto.

            --No os perdáis los almacenes Jenners. ¡Tienen unos jerseys baratííííísimos!

            --¡El Chivas de 24 años está a un precio de risa!.

          Y la conversación continúa entre un rosario de recomendaciones sobre las gangas que se encuentran en estas tierras, para poder regresar a España cargados de botellas y falditas escocesas que nunca vestirán.

 

1.—Dios mío, ¡funciona!

 

2—Te venero, Dios Altísimo

     Nadie hay como Tu

    Te venero, ¡Oh Príncipe de la Paz!

    Es cuanto deseo hacer.

 

 

 

 

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Comentarios EDIMBURGO, capital de Escocia

Que paradoja D.Javier, mira que ser aduanero.........

La Mano Invisible La Mano Invisible 19/09/2010 a las 20:59

a mi me encantó Edinburgo es una ciudad distinta donde vivi algun tiempo y disfrute del caracter de sus gentes muchos mas abiertos que los ingleses y mucho mas barata que Londres. No sabia que toda esa gente naciese alli, porque no vi las placas que dices que existen en su memoria pero tiene una universidad fantastica.

lola lola 20/09/2010 a las 12:17

Maravillosa descripcion de tu viaje a Escocia. Recuerdo el castillo como algo espectacular y me contaron historias increibles de terror por las luchas de lso escoceses contra los ingleses en la edad media. Me gustaria que ampliaras tu informacion sobre esto pero comprendo que no cabe todo en tu blog

german german 23/09/2010 a las 12:22

German, es imposible. Se podrían escribir páginas enteras sobre los lugares que uno visita, pero... De todas fromas, para mí es un lujo que te sepa a poco

Que envidia.... yo espero salir de España algún día.....snif. Un saludo.

chendo chendo 23/09/2010 a las 20:32

 soprendente , divertido, instructivo, distinto ... da gusto viajar contigo

mercedes mercedes 24/09/2010 a las 13:23

Como "descendiente" de aquel Wallace, siento un enorme interés por todo lo que se relaciona co Escocia. Mi sueño es visitar esas tierras .... ¡lo haré, estoy segura de ello! De momento, "viajo" con este texto .
Un abrazo.

... y otra que se apunta a ser viajera contigo.

mont mont 30/09/2010 a las 00:08

Ahora retorno al seguimiento detu  fascinante recorrido, esta vez por tierras de leyendas. te sigo con entusiasmo y envidio como nos cuentas tus impresiones y como glosas el turismo con la cultura y la historia. Como se decia antes hip hip urra!!!

viajero viajero 07/10/2010 a las 13:03

¡bravo¡ estupendo relato y no esos lugares comunes q la gente escribe sobre sus viajes

exthegorri exthegorri 13/05/2011 a las 19:34

¡¡¡increible!!! esa misma conversacion sobre las compras de los españoles la oimos pensando que ya son ganas de venir hasta aqui para comprar guisky

mariluz mariluz 15/01/2012 a las 19:38

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